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InternacionalLA NACIONGabriel Sánchez Sorondo

Reseña. Estanterías ajenas, de Nora Catelli

Reseña. Estanterías ajenas, de Nora Catelli

En resumen

A veces lo técnico coincide con lo esencial; la ficha catalográfica de Estanterías ajenas señala: “Lectura. Memoria autobiográfica. Exilio”. Tres categorías fuera del cuerpo literario del volumen –términos que, de hecho, comparten espacio inmediato con el ISBN y advertencias legales– cuya función orientativa los librer

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A veces lo técnico coincide con lo esencial; la ficha catalográfica de Estanterías ajenas señala: “Lectura. Memoria autobiográfica.

Exilio”.

Tres categorías fuera del cuerpo literario del volumen –términos que, de hecho, comparten espacio inmediato con el ISBN y advertencias legales– cuya función orientativa los libreros valoran y, en este caso, serían un buen verso-epígrafe de cara a los siete capítulos que siguen.

En el primero de ellos, titulado Una justificación: libros, encuentros, escenas, búsquedas (que se lleva un tercio de esta obra), Nora Catelli (Rosario, 1946) anota conclusiones precoces: “A los ocho años, con Beau Geste , comprendí que la guerra era el centro de los libros, aquello que explica su existencia, que es dibujar la huella de lo perdido”.

En lo ambulante de las voces marcadas por migraciones, por supervivencia, hay una urgencia que también ilumina y nos da pistas acerca de la autora a los veintiocho años, a punto de refugiarse en España, cuando en 1975 la Triple A va tras Nora y su pareja, Jorge Belinsky, reconocido psicoanalista, temprano difusor argentino de Lacan, junto a Masotta.

Ella entonces se lleva lo puesto (de su casa primero, de su país después): “

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Referencias