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GeneralEL PAÍS: el periódico globalLara Moreno

Yo quiero irme, pero no hay adónde

Yo quiero irme, pero no hay adónde

En resumen

Yo me fui dócilmente del centro, hace siete años, porque por 1.000 euros solo alquilaban agujeros y los pisos de 70 metros cuadrados sin reformar costaban más de 300.000. Me vine a Carabanchel Bajo , cerca del hoy deforestado parque de Comillas, allí donde en la posguerra, a trabajos forzados, se levantaron barracones

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Yo me fui dócilmente del centro, hace siete años, porque por 1.000 euros solo alquilaban agujeros y los pisos de 70 metros cuadrados sin reformar costaban más de 300.000.

Me vine a Carabanchel Bajo , cerca del hoy deforestado parque de Comillas, allí donde en la posguerra, a trabajos forzados, se levantaron barracones para los perdedores.

Vine obligada, y como yo fue viniendo más gente, obligada también, y así expulsamos a otras, que no sabemos dónde se esconden; no las vimos entonces, no las veremos después, cuando lleguemos donde estén ahora y tengan que huir de nuevo, más lejos, más afuera, más nunca.

Actualmente, en este barrio que bulle de obra en obra, al que le sobran coches y le faltan servicios públicos y frecuencia de autobuses, donde muchos de los edificios —fruto del desarrollismo— sufren problemas de habitabilidad, humedades y baja eficiencia energética, por 1.000 euros solo alquilan agujeros y los pisos de 70 metros cuadrados sin reformar cuestan más de 300.000.

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