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GeneralLA NACIONSebastián Espósito

Rosalía, la única: del “Madre mía, qué lío el otro día” al concierto que nunca olvidaremos

Rosalía, la única: del “Madre mía, qué lío el otro día” al concierto que nunca olvidaremos

En resumen

Bailarina, monja, pecadora, hábil declarante, melancólica, cantora y cantaora, triste, feliz, estrella pop, reina del tigueraje y por sobre todas las cosas alma sensible y antena que sabe sintonizar mejor que nadie lo que piden estos tiempos. Rosalía es todo eso y mucho más, una cebolla de mil capas, una mamushka a la

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Bailarina, monja, pecadora, hábil declarante, melancólica, cantora y cantaora, triste, feliz, estrella pop, reina del tigueraje y por sobre todas las cosas alma sensible y antena que sabe sintonizar mejor que nadie lo que piden estos tiempos.

Rosalía es todo eso y mucho más, una cebolla de mil capas, una mamushka a la que siempre le queda una figura por develar.

Conocimos a la Rosalía de El mal querer , aquella que actualizaba la tradición flamenca; conocimos a la Rosalía de Motomami , la que se convirtió en estrella pop global delante de nuestras narices.

Y ahora nos pusimos al día con la Rosalía de Lux , la que aborda, juega, coquetea con la iconografía religiosa pero de un modo distinto al utilizado por Madonna en el siglo pasado. Aquí la catalana no busca horrorizar ni provocar para que “hablen las redes”.

Lo que busca es construir una catedral, un edificio imponente para habitarlo a su antojo. Por momento la veremos pequeña, una miniatura en escena que buscará escurrirse entre nuestros ojos.

Por otros la veremos gigante, una figura no solo aumentada por el poder del zoom sino principalmente por su portento vocal, por esa voz de hielo y fuego, como la han definido con poética e

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Referencias