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Pumas en libertad, cañadones impactantes y pinturas milenarias en la Patagonia menos pensada

Pumas en libertad, cañadones impactantes y pinturas milenarias en la Patagonia menos pensada

En resumen

Facundo Epul levanta el pulgar y todos nos quedamos quietos. Es la señal. No hablar, no señalar, no exclamar. Llevamos casi tres horas caminando detrás de él por un sector de coirones que sube y baja sin avisar. Cada tanto Facundo se detiene, mira a través de los binoculares hacia distintos puntos del cañadón, se da vu

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Rugby

Facundo Epul levanta el pulgar y todos nos quedamos quietos. Es la señal.

No hablar, no señalar, no exclamar. Llevamos casi tres horas caminando detrás de él por un sector de coirones que sube y baja sin avisar.

Cada tanto Facundo se detiene, mira a través de los binoculares hacia distintos puntos del cañadón, se da vuelta y hace una seña para que esperemos. Se aleja, vuelve, propone un camino nuevo según lo que acaba de leer en el terreno.

Antes de salir nos había explicado las reglas: caminar detrás de él, en silencio, y confiar en que el silencio, por más incómodo que resulte para un grupo de cinco personas, es la única manera de no espantar lo que está pasando delante nuestro sin que lo notemos. “Los pumas son felinos grandes que tienen hábitos muy marcados”, dice, revelando parte de la estrategia para hacer avistaje.

Esta madrugada llovió, lo cual juega a favor porque las huellas son más recientes, pero también el viento sopla fuerte, lo cual juega en contra, porque los pumas suelen refugiarse entre los arbustos. Lo primero que encontramos es una huella.

Después, un poco más allá, semiocultos entre unas matas, los restos de un guanaco. “El puma lo dejó tapado para que no lo co

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Referencias