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No pagar por el pito...

No pagar por el pito...

En resumen

Las frases populares suelen sobrevivir durante siglos, atravesando generaciones, muchas veces sin que nadie se pregunte de dónde provienen. Las repetimos con naturalidad, convencidos de que siempre estuvieron allí , aunque su verdadero origen se haya perdido en el tiempo. Una de ellas es “no pagar por el pito más de lo

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Sociedad

Las frases populares suelen sobrevivir durante siglos, atravesando generaciones, muchas veces sin que nadie se pregunte de dónde provienen.

Las repetimos con naturalidad, convencidos de que siempre estuvieron allí , aunque su verdadero origen se haya perdido en el tiempo.

Una de ellas es “no pagar por el pito más de lo que el pito vale”, expresión que advierte contra el exceso, el desmesurado afán o la falta de sensatez al valorar las cosas.

Hasta hace muy poco no había encontrado un registro que remitiera con claridad a una idea semejante, pero ahora lo descubrí, casi por azar, en la autobiografía de Benjamin Franklin (EE.UU., 1706-1790), uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, científico, hombre público, impresor, diplomático y escritor.

Casi al final de la obra aparece una carta de noviembre de 1779 dirigida a una dama, madame Brillon su nombre.

En ella recuerda un episodio de su infancia cuando un día recibió unas monedas de cobre ( coppers ) y, fascinado por el sonido de un silbato, decidió comprar uno, entregando todo el dinero que llevaba.

Ya con su instrumento recorrió su casa una y otra vez haciéndolo sonar con entusiasmo, hasta que su familia le hizo notar, en

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Referencias