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Messi o el deseo más humano de todos

Messi o el deseo más humano de todos

En resumen

El tópico del futbolista como figura intermedia entre lo humano y lo divino es bien conocido, en especial por los argentinos. Hace décadas que se compara a Maradona con Dios: Diego Maradona como nuestro Dios, el Dios que nos tocó a los argentinos, bajo la forma de jugador de fútbol, exceso sobrehumano –¿divino?– de tal

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Messi

El tópico del futbolista como figura intermedia entre lo humano y lo divino es bien conocido, en especial por los argentinos.

Hace décadas que se compara a Maradona con Dios: Diego Maradona como nuestro Dios, el Dios que nos tocó a los argentinos, bajo la forma de jugador de fútbol, exceso sobrehumano –¿divino?– de talento. Y exceso humano –¿demasiado humano?– de pasiones.

Un verdadero derrame de hybris y de pathos , digno de las mejores tragedias griegas. En otras palabras: transferencia del contenido ideal (lo mejor, lo más grande, lo eterno) a un sujeto real, bien real.

Y no hay nada más real que la humanidad encarnada, la unidad del cuerpo viviente como expresión de lo limitado y finito de nuestra existencia en la tierra. Lo vivo es potencia, sí; pero tiene como contracara eterna lo débil y vulnerable.

Lo finito: lo que alguna vez termina, expira y, así, se de-fine, se de-termina; en fin: se cierra.

Como todos los argentinos luego de aquel México 86, Lionel Messi nació y creció con esa imagen, con esa representación del Diego mítico, mitad hombre mitad Dios, algunas veces más Dios que hombre, muchas veces más hombre que Dios.

Entre su talento único y su gigantesco palmarés, a M

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Referencias