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Los perros hablan, nosotros escuchamos

Los perros hablan, nosotros escuchamos

En resumen

Alos seis años, una niña italiana se volvió adulta. Fue la tarde en que permitió a un perro vecino llamado Oso jugar con su peluche favorito , un muñeco también llamado Oso. El animal se volvió loco de contento y ella decidió darle a Oso-perro su Oso-osito para que se lo llevara a su cucha. Sabía que de ahí no volvería

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Alos seis años, una niña italiana se volvió adulta. Fue la tarde en que permitió a un perro vecino llamado Oso jugar con su peluche favorito , un muñeco también llamado Oso.

El animal se volvió loco de contento y ella decidió darle a Oso-perro su Oso-osito para que se lo llevara a su cucha. Sabía que de ahí no volvería.

Fue una decisión difícil que, vista a la distancia, resultó tan importante como un rito de paso o una iniciación. “Se selló un acuerdo silencioso”, recuerda Sandra Petrignani, que ya no es una niña sino una importante escritora italiana : “Ningún perro me haría daño jamás, nunca me lastimaría ni me mordería y yo a mi vez nunca les causaría ningún mal”.

La epifanía se narra en Autobiografía de mis perros , el libro recién publicado en el que ella cuenta su vida a través de los perros que la acompañaron.

Tito, Mago, Querida y Soledad son los que hoy viven a su lado: cuatro perros fieles que “solo para estar conmigo irían hasta el fin del mundo, solo para no verme cargar el maletero del coche y marcharme sin ellos” Tito, Mago, Querida y Soledad son los que hoy viven a su lado: cuatro perros fieles que “solo para estar conmigo irían hasta el fin del mundo, solo para no

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