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La estancia irlandesa de 1845 ubicada en Areco que hoy se reinventa con arte y músicos del Colón

La estancia irlandesa de 1845 ubicada en Areco que hoy se reinventa con arte y músicos del Colón

En resumen

La primera vez que Catalina Guerrico entró a La Margarita lo hizo arriba de Maga , su yegua. Había salido desde el pueblo por la banquina de la ruta, tomó el camino de Morgan y, cuando la avenida de árboles se abrió delante de ella, se largó al galope sin terminar de creer lo que estaba viendo. Matías Méndez Morgan la

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La primera vez que Catalina Guerrico entró a La Margarita lo hizo arriba de Maga , su yegua.

Había salido desde el pueblo por la banquina de la ruta, tomó el camino de Morgan y, cuando la avenida de árboles se abrió delante de ella, se largó al galope sin terminar de creer lo que estaba viendo. Matías Méndez Morgan la esperaba en la casa.

Le había encargado un cuadro para el mirador y, cuando ella le contó que ese día pensaba salir a andar, él le propuso que fuera a caballo. Al llegar, Matías desensilló a Maga y la soltó en el campo. “Nunca más salió de ahí”, dice Cata.

Antes de esa tarde, La Margarita había sido para ella apenas una serie de fotografías. Se las habían mostrado Graciela, la madre de Matías, y Sole, su hermana, cuando quisieron regalarle a él una pintura de la casa.

Cata no hacía ese tipo de retratos, y así se los dijo, aunque pidió verlas igual. Alcanzó con eso.

Lo que vio la impactó tanto que terminó pintándola. Lo que mostraban esas fotos sigue ahí, pero para verlo hay que atravesar primero el monte.

Detrás de la tranquera verde, el camino se hunde en una arboleda de eucaliptos, pinos y otras especies que con las décadas se fueron cerrando hasta formar una masa v

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Referencias