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La belleza de la semana: cuando los pintores pusieron la música en el lienzo

La belleza de la semana: cuando los pintores pusieron la música en el lienzo

En resumen

Pocas experiencias han obsesionado tanto a los pintores como la música. A diferencia de la arquitectura o la escultura, que existen en el espacio, o de la literatura, que existe en el tiempo, la música existe en ambos a la vez y desaparece en el instante mismo en que suena. Esa condición fugitiva la convirtió, desde el

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Cultura

Pocas experiencias han obsesionado tanto a los pintores como la música.

A diferencia de la arquitectura o la escultura, que existen en el espacio, o de la literatura, que existe en el tiempo, la música existe en ambos a la vez y desaparece en el instante mismo en que suena.

Esa condición fugitiva la convirtió, desde el Renacimiento, en uno de los desafíos más tentadores para el arte visual: ¿cómo fijar en una superficie inmóvil algo que solo vive en el movimiento y en el aire? Los pintores respondieron de formas muy distintas.

Algunos eligieron el gesto del músico, la postura del cuerpo sobre el instrumento, la concentración en el rostro. Otros prefirieron el espacio social que la música crea: la reunión, la fiesta, el salón burgués, el café nocturno.

Las cuatro obras que se presentan aquí pertenecen a siglos y tradiciones radicalmente diferentes, pero todas orbitan alrededor de esa misma pregunta. Café-Concert (1876/1877), de Edgar Degas , atrapa el ruido y el artificio de la noche parisina del siglo XIX.

The Concert (1623), de Gerard van Honthorst , celebra la música como ritual cortesano del Siglo de Oro holandés. The Music Lesson (c. 1670), del estudio de Gerard ter Borch , con

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Referencias