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GeneralLA NACIONJaime Bayly

La banda de los perejiles

La banda de los perejiles

En resumen

A las diez de la mañana, hora funesta, salía el vuelo a Montevideo con escala en Panamá. Debía estar en el aeropuerto a las ocho de la mañana. Cuando por desgracia me veo obligado a saltar de la cama tan temprano, elijo no dormir y prolongo la noche leyendo o escribiendo. Normalmente me duermo a las tres o cuatro de la

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A las diez de la mañana, hora funesta, salía el vuelo a Montevideo con escala en Panamá. Debía estar en el aeropuerto a las ocho de la mañana.

Cuando por desgracia me veo obligado a saltar de la cama tan temprano, elijo no dormir y prolongo la noche leyendo o escribiendo. Normalmente me duermo a las tres o cuatro de la mañana.

No tiene sentido para mí dormir apenas tres horas y correr al aeropuerto con el tráfico previsible de la mañana. Elijo llegar exhausto al avión y dormir a duras penas durante el vuelo.

Me encontraba tan cansado cuando despegó el avión que no tardé en dormir. La azafata me despertó y me dijo que mis vecinos de cabina se quejaban porque yo roncaba como un oso.

No me dejé intimidar. Seguí roncando.

No lo hacía para mortificar a nadie. A mi edad, cuando duermo, ronco como un oso.

Llegando al aeropuerto de Panamá, nos revisaron los bultos como si fuésemos una tropa enemiga, invasora. Luego tuve que esperar un par de horas para tomar el vuelo a Montevideo.

Quería seguir durmiendo. No era posible.

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Referencias