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Jordi Savall: “Hoy todas las orquestas suenan igual y eso es muy grave”

Jordi Savall: “Hoy todas las orquestas suenan igual y eso es muy grave”

En resumen

Uno llega a la casa de Jordi Sa­vall en Bellaterra, a media hora de Barcelona, como el rehén asustado de una invisible paleta de sonidos. La música es probablemente, de entre las bellas artes, la que mayor capacidad ofrece de evocación y de ensoñación y, por lo tanto, de deformación de la realidad; quieras o no quieras

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Tema
Cultura

Uno llega a la casa de Jordi Sa­vall en Bellaterra, a media hora de Barcelona, como el rehén asustado de una invisible paleta de sonidos.

La música es probablemente, de entre las bellas artes, la que mayor capacidad ofrece de evocación y de ensoñación y, por lo tanto, de deformación de la realidad; quieras o no quieras te asalta y eso deforma tu imagen de las cosas, de las personas, fabricando los mismos prejuicios que síndromes de Estocolmo.

Así que mientras se aparca el coche en la calle silenciosa y se adivinan las copas de los pinos y se suben las escaleras del chalecito años treinta, retumba en los oídos esa viola de gamba con los ecos de Marin Marais, de Sainte-Colombe y de Lully, y esa voz de Montserrat Figueras (su esposa, fallecida en 2011) susurrando a Monteverdi, y los melancólicos acordes de la banda sonora de Tous les matins du monde , la película de Alain Corneau (Todas las mañanas del mundo , 1991).

No el disco por el que empezó todo ni mucho menos, pero sí el que lo catapultó al estrellato en el ámbito de la música antigua y especialmente en el de la interpretación violagambista.

El disco que, tras vender cientos de miles de copias por todo el mundo, abrió la puerta

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Referencias