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Infancias sin rehenes: una deuda pendiente de la Justicia argentina

Infancias sin rehenes: una deuda pendiente de la Justicia argentina

En resumen

En los conflictos familiares más intensos, muchas veces la primera víctima no es quien inicia una demanda ni quien la recibe. Son los hijos. Mientras los adultos libran disputas atravesadas por el dolor, el resentimiento o la ruptura de un proyecto de vida, hay niños que quedan atrapados en una batalla que nunca eligie

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En los conflictos familiares más intensos, muchas veces la primera víctima no es quien inicia una demanda ni quien la recibe. Son los hijos.

Mientras los adultos libran disputas atravesadas por el dolor, el resentimiento o la ruptura de un proyecto de vida, hay niños que quedan atrapados en una batalla que nunca eligieron. Algunos dejan de ver a uno de sus padres.

Otros pierden contacto con sus abuelos, tíos o primos. Muchos terminan alejados de una parte de su propia historia.

Todo suele justificarse en nombre de una causa noble: proteger al niño. La protección de la infancia es, sin duda, una obligación irrenunciable.

Pero la experiencia demuestra que, en ocasiones, ese argumento puede ser utilizado para encubrir conductas que terminan produciendo exactamente lo contrario de lo que dicen buscar.

Cuando un niño es utilizado como herramienta para castigar a otro adulto, la protección deja de ser protección y se transforma en una nueva forma de violencia. La utilización de los hijos como rehenes emocionales no siempre es evidente.

A veces, aparece a través de obstáculos permanentes para mantener el contacto con el progenitor. Otras veces mediante la descalificación constante de su f

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Referencias