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InternacionalLA NACIONJorge Fernández Díaz

Inesperada vuelta de tuerca para una épica silenciada

Inesperada vuelta de tuerca para una épica silenciada

En resumen

El penúltimo diciembre pasamos una tarde en la isla Soledad bajo estricto protocolo militar y con ciento treinta deudos de la guerra de Malvinas . Después de haber escrito tantas crónicas y relatos sobre aquellos héroes ninguneados llegaba por estepas heladas al mítico cementerio de Darwin en compañía del hermano de un

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El penúltimo diciembre pasamos una tarde en la isla Soledad bajo estricto protocolo militar y con ciento treinta deudos de la guerra de Malvinas .

Después de haber escrito tantas crónicas y relatos sobre aquellos héroes ninguneados llegaba por estepas heladas al mítico cementerio de Darwin en compañía del hermano de un marino muerto durante el hundimiento del crucero General Belgrano .

No era la primera vez que el hombre formaba parte de aquella misión humanitaria: acompañar a los familiares de los combatientes en ese último peregrinaje a las tumbas blancas.

El Equipo de Antropología Forense , con técnicas modernas, fue rescatando e identificando uno por uno los cadáveres que figuraban en el limbo y bajo el poético pero triste lema “ Soldado argentino solo conocido por Dios ”.

Viajaban con nosotros varios de los últimos parientes directos -treinta de ellos en sillas de ruedas o con andadores-, transidos de dolor pero también de esperanza: encontrar por fin una sepultura con nombre y apellido, y reunirse simbólicamente con el alma perdida.

Mi interlocutor, sin embargo, pertenece a otro grupo: los “ sintumba ”, aquellos que desaparecieron para siempre en las crueles aguas del Atlántico Sur.

Para esta clase de sufrientes no queda más que la emoción táctil de recorrer con la yema de los dedos el nombre de su pariente donde ahora quedó inscripto: un cenotafio erigido en medio de la nada .

Hay excombatientes que son recibidos con admiración y honores en Gran Bretaña y son desconocidos o sospechosos en Buenos Aires La marcha se hacía bajo cielo encapotado y amenazante, y entonces el hermano del marino me explicó que los parientes tienen probado que “los nenes siempre les terminan abriendo el cielo”: ya varias veces llegaron a la isla bajo nubes pesadas y de pronto el sol de diciembre se impuso y pudieron cumplir los rituales con una temperatura benigna.

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Referencias