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Hambruna, éxodo migrante, epidemia de tifus y miedo: cuando el sacrificio de cuarenta monjas grises salvó el verano negro de 1847

Hambruna, éxodo migrante, epidemia de tifus y miedo: cuando el sacrificio de cuarenta monjas grises salvó el verano negro de 1847

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1847 quedó grabado en la historia como el año del “Verano Negro”, un período de desolación y heroísmo extremo que la memoria colectiva ha preferido relegar al olvido. Mientras el Viejo Mundo se desangraba por la Gran Hambruna Irlandesa, miles de almas desesperadas y demacradas cruzaban el Océano Atlántico en precarias

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1847 quedó grabado en la historia como el año del “Verano Negro”, un período de desolación y heroísmo extremo que la memoria colectiva ha preferido relegar al olvido.

Mientras el Viejo Mundo se desangraba por la Gran Hambruna Irlandesa, miles de almas desesperadas y demacradas cruzaban el Océano Atlántico en precarias embarcaciones bautizadas como " barcos ataúd “.

Aquellos hombres, mujeres y niños buscaban una oportunidad de supervivencia en las costas del Nuevo Mundo. Lo que encontraron al llegar a los muelles de Montreal, Canadá.

Sin embargo, no fue una tierra de acogida, sino un infierno de indiferencia burocrática, pánico colectivo y una epidemia devoradora de tifus exantemático que puso a prueba los límites de la compasión humana.

En medio de ese escenario apocalíptico, donde los médicos huían y los sacerdotes vacilaban ante la inminencia de la sepultura, un pequeño grupo de mujeres consagradas, vestidas con un sobrio hábito gris, se convirtió en el último bastión de la dignidad humana .

La hambruna en Irlanda, provocada por un hongo que destruyó las cosechas de papa, redujo a la población a una miseria espantosa. Quienes lograron empeñar sus últimos recuerdos familiares comp

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