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En la ciudad igual se festeja: con epicentro en el Obelisco y algo menos en los barrios, la gente agradece a la selección

En la ciudad igual se festeja: con epicentro en el Obelisco y algo menos en los barrios, la gente agradece a la selección

En resumen

Existe un dejo de resistencia debajo de la tierra, en la estación Malabia de la línea B de subtes. A pesar del resultado 1 a 0 a favor de España en la final de la Copa del Mundo, los cantos siguen vivos. Aunque inevitables, los rostros de tristeza se niegan a desmoronarse. “Soy argentino, este sentimiento, no puedo par

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Existe un dejo de resistencia debajo de la tierra, en la estación Malabia de la línea B de subtes. A pesar del resultado 1 a 0 a favor de España en la final de la Copa del Mundo, los cantos siguen vivos.

Aunque inevitables, los rostros de tristeza se niegan a desmoronarse. “Soy argentino, este sentimiento, no puedo parar”, entonan los pasajeros mientras usan de tambores las ventanas del vagón.

El tren está atiborrado de personas que viajan rumbo al Obelisco igual a festejar, algunas miradas enfocan al oscuro exterior del subterráneo.

Las banderas sirven de colgantes sobre las espaldas de algunos y, cuando parece que la noche cae, los golpes y la cumbia que acompaña a la gente que ingresa se convierten en un bálsamo.

Emoción en el subte B Las manos se agitan y vuelven a golpetear el techo del vagón al ritmo de la música. La alegría permanece.

Nada importa. “A pesar del resultado, es una locura, una pasión enorme. Argentina ganó, dejó a los ingleses afuera. ¡Arriba Argentina!“, dice a LA NACION Pedro, un joven que celebra al pie del ícono porteño. “Somos campeones como siempre.

No importa lo que pase, acá vamos a estar siempre”, decreta el Payaso Marmolín, que sobre la avenida calle

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