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En defensa de las palabrotas: todo lo que cabe en un insulto

En defensa de las palabrotas: todo lo que cabe en un insulto

En resumen

Las palabrotas ya no son lo que solían ser, según un grupo de lingüistas ingleses. Allí donde antes florecían ingeniosos y pintorescos insultos, blasfemias, improperios o vulgaridades, empieza a imponerse un repertorio cada vez más uniforme. A tal punto que el dialectólogo Chris Montgomery está encabezando una singular

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Las palabrotas ya no son lo que solían ser, según un grupo de lingüistas ingleses. Allí donde antes florecían ingeniosos y pintorescos insultos, blasfemias, improperios o vulgaridades, empieza a imponerse un repertorio cada vez más uniforme.

A tal punto que el dialectólogo Chris Montgomery está encabezando una singular empresa: el primer censo británico de malas palabras, concebido para salvaguardar esas expresiones regionales subiditas de tono antes de que desaparezcan .

Junto a su equipo de la Universidad de Sheffield, busca crear “un registro vívido y honesto” con célebres groserías, pero también imprecaciones de recónditos rincones de Reino Unido, consciente de que la labor académica se ha centrado en las formas gentiles del idioma en desmedro de estos parientes descarriados: “plenos de identidad, humor, conexión e historia”, según el rescatista Montgomery.

Porque, como se hace eco el diario The Guardian , “hoy alguien puede ser un divvy en Liverpool, un pillock en Leeds o un dinlo en Portsmouth, pero pronto podría ser un anodino idiot en cualquier parte de UK”.

Dios salve a los lengualargas entonces, aunque, al parecer, necesiten menos protección celestial que el resto de los

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