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El terror de sentirnos huérfanos sin Scaloni: un espíritu que no habrá que perder

El terror de sentirnos huérfanos sin Scaloni: un espíritu que no habrá que perder

En resumen

La selección argentina construyó algo tan importante que, quizá por primera vez en el fútbol de nuestro país, nada sustancial cambió con una derrota en una final del mundo. Sí, es para agarrarse la cabeza, pero de alegría. Cuánto valor tiene esa virtud en medio de un país sin medias tintas, que suele batirse entre los

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Fútbol

La selección argentina construyó algo tan importante que, quizá por primera vez en el fútbol de nuestro país, nada sustancial cambió con una derrota en una final del mundo. Sí, es para agarrarse la cabeza, pero de alegría.

Cuánto valor tiene esa virtud en medio de un país sin medias tintas, que suele batirse entre los extremos en absolutamente todos los aspectos. Que muchas veces castiga al equilibrado con el injusto mote de la tibieza.

El equipo dirigido por Lionel Scaloni bien puede jactarse de algo: deja un manual de estilo escrito con hechos que trascendieron el vestuario, la cancha y la tribuna.

Los logros fueron fundamentales, por supuesto, sin ellos en algún momento u otro la continuidad del proceso hubiese entrado en un tembladeral. A partir de ellos llegó todo lo demás, un espíritu que no habrá que perder.

Mensajes, dirán algunos. Gestos, modelos, otros.

Conducta, al fin de cuentas. Atributo indispensable para un país que vive a los saltos.

El debate es eterno: un deportista, un ídolo, ¿es un modelo a seguir? ¿Tiene que ser perfecto porque tiene todas las miradas encima?

Porque los chicos tratan de imitarlos y los grandes soñaron de chicos ser como ellos. Cada uno tendrá l

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Referencias