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El sorprendente carruaje de origen irlandés que se lució en San Antonio de Areco

El sorprendente carruaje de origen irlandés que se lució en San Antonio de Areco

En resumen

San Antonio de Areco fue declarada hace una década “cuna de la Tradición” y se encamina a celebrar en poco tiempo los 300 años de aquella capilla dedicada al santo de Padua que fue el comienzo del poblado. Saltó a la fama cuando hace un siglo Ricardo Güiraldes , hijo y nieto de viejos pobladores, escribió Don Segundo S

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San Antonio de Areco fue declarada hace una década “cuna de la Tradición” y se encamina a celebrar en poco tiempo los 300 años de aquella capilla dedicada al santo de Padua que fue el comienzo del poblado.

Saltó a la fama cuando hace un siglo Ricardo Güiraldes , hijo y nieto de viejos pobladores, escribió Don Segundo Sombra , inspirada en ese hombre de carne y hueso que fue Segundo Ramírez, donde recreó las costumbres, destrezas y la profunda filosofía de nuestros gauchos.

Así, el poblado de casas solariegas con zaguanes, amplias ventanas, rejas y calles adoquinadas se convirtió en lo que hoy representa en la cultura nacional.

La Rural: volvieron las aves, una raza bovina celebra con todo y las camionetas chinas se asoman con fuerza Tierras pobladas por españoles, irlandeses e italianos, pronto estas colectividades dejaron su huella.

Entre los segundos se encontraba Margarita Mooney de Morgan, nacida en estas tierras, nieta de un irlandés que en su tierra natal era un experto en cavar trincheras y acá encontró el trabajo con el que hacer en 1828 el comienzo de un pequeño capital, ya que nuestros paisanos amantes de la libertad no eran muy amantes de esas rudas tareas .

Margarita además fue una mujer de extrema generosidad desde la estancia a la que su esposo Edward Morgan bautizó con su nombre como romántico y a la vez material homenaje de amor, convirtiéndose con él entre los grandes hacedores del progreso de Areco.

De su peculio a comienzos del siglo pasado ella levantó la Capilla San Patricio, el Colegio Clonmacnoise (1902) y el Hospital María Clara Morgan (1902) .

Su caridad llegó a oídos del Papa Pío X, que en la Navidad de 1903 se conocía en Buenos Aires que le había concedido la cruz “Pro Ecclesia et Pontifice”, una de las más altas condecoraciones de la Iglesia Católica.

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