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SociedadEL PAÍS: el periódico globalÍñigo Domínguez

El secreto mejor guardado de nuestras vidas

El secreto mejor guardado de nuestras vidas

En resumen

A veces en Roma es difícil ver las cosas como son, saber la verdad, lo que en mi caso es un problema no solo existencial, sino de índole profesional. Me pasó en verano, cuando brotaron los jazmines y las paredes se llenaban de flores blancas que perfumaban las calles. A mí me gusta mucho ese momento, pero un amigo me d

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Tema
Sociedad

A veces en Roma es difícil ver las cosas como son, saber la verdad, lo que en mi caso es un problema no solo existencial, sino de índole profesional.

Me pasó en verano, cuando brotaron los jazmines y las paredes se llenaban de flores blancas que perfumaban las calles. A mí me gusta mucho ese momento, pero un amigo me desengañó: no eran jazmines, sino falsos jazmines, que son casi iguales.

Ni de eso te puedes fiar. Me sentó peor lo que me pasó después.

Llevaba meses sin pagar el aparcamiento, porque nadie vigila y te convencen de que eres tonto si pagas. Pero una semana debió de pasar por allí un policía que iba a por tabaco, o uno nuevo, y me pusieron tres multas seguidas.

Mis conocidos me dijeron que no fuera tonto, que no pagara si no me llegaba luego la multa a casa, pues siempre te queda el comodín de confiar en el caos burocrático y que no llegue nunca, pero como eso llevaba recargo me fui a pagar a Correos, con un código QR de esos que venía impreso.

Pues bien, luego leí que habían detenido a una banda de estafadores: hacían multas falsas que colocaban en los parabrisas . Iguales a las reales, salvo por un numerito distinto al original, y en realidad les pagabas a ellos.

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