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El rincón de Brasil donde desearle el bien a la selección argentina no es pecado

El rincón de Brasil donde desearle el bien a la selección argentina no es pecado

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Ailén Desirée Montes São Paulo (Brasil), 19 jul (EFE).- La calle Mooca, en el corazón del barrio homónimo de São Paulo, amanece con una acústica disonante para la geografía en la que se encuentra. Se viste de celeste y blanco, suena cumbia argentina, bebe fernet, al churrasco se le dice "asado" y a las banderas, "trapo

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Fútbol

Ailén Desirée Montes São Paulo (Brasil), 19 jul (EFE).- La calle Mooca, en el corazón del barrio homónimo de São Paulo, amanece con una acústica disonante para la geografía en la que se encuentra.

Se viste de celeste y blanco, suena cumbia argentina, bebe fernet, al churrasco se le dice "asado" y a las banderas, "trapos". A horas de la final de la Copa del Mundo 2026, una fila serpentea la vereda frente al bar Moocaires.

Son hinchas ansiosos que esperan ser uno de los 300 afortunados para ver el partido en las pantallas del establecimiento, inmersos en su propio sonido ambiente: bombos con la cara de Lionel Messi, preparados para la ocasión.

Afuera, en la calle, decenas de "torcedores", en su mayoría miembros de filiales de clubes argentinos en la ciudad, se congregan para alentar a la selección argentina, mientras los vecinos asoman sus cabezas por las ventanas, incrédulos ante la marea celeste y blanca que inunda sus calles.

El epicentro de esta hermosa "herejía" futbolística es regentado por Cristian Galarza, un argentino de 54 años, oriundo de Resistencia (Chaco), que llegó a Brasil hace 26 años en busca de mejores oportunidades económicas. Hace 19 años fundó Moocaires, que nac

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