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GeneralEL PAÍS: el periódico globalLeila Guerriero

El rescate

El rescate

En resumen

En esas tardes en las que, después de haber preparado el almuerzo, de haber lavado los platos, de haber limpiado el horno, calentabas el agua para el mate y te sentabas a mirar por la ventana, ¿qué decías cuando decías “ Me cansé” y te desplomabas en una silla con el delantal puesto, con todo lo que aún faltaba por hac

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En esas tardes en las que, después de haber preparado el almuerzo, de haber lavado los platos, de haber limpiado el horno, calentabas el agua para el mate y te sentabas a mirar por la ventana, ¿qué decías cuando decías “ Me cansé” y te desplomabas en una silla con el delantal puesto, con todo lo que aún faltaba por hacer —la supervisión de la tarea del colegio, la cena—, como un gato estirándose al sol?

¿Qué decías cuando decías “Me cansé”: proclamabas un derecho, pedías permiso? ¿Y a quién se lo decías: a mí, a un dios que no te escuchaba, a tus padres, al mío?

Estoy en Buenos Aires después de haber cruzado 16 veces el Atlántico, cuatro los Andes, seis el Río de la Plata. Me siento cansada, no por haber limpiado el horno.

Es un día cruelmente tranquilo.

Mientras calentaba agua para un té, sometida a la luz de la tarde que parecía el surgimiento de una civilización escondida, recordé esa calma que me contagiabas cuando te veía detenerte, correrte las cutículas mientras yo hacía la tarea o estudiaba guitarra (esas pavanas que parecían simples pero que complicaban la digitación).

Me decías: “¿Regamos las rosas?”. Yo te decía: “No tengo tiempo”.

Vos me decías: “Hay tiempo para todo”.

Este resumen proviene de EL PAÍS: el periódico global. Lee el artículo completo en la fuente original.

Referencias