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MessiLA NACIONAndrés Eliceche

El Mundial en el que aprendimos que es mejor escuchar a los chicos que darles voz a las porquerías

El Mundial en el que aprendimos que es mejor escuchar a los chicos que darles voz a las porquerías

En resumen

Un mensaje de WhatsApp se incrusta en el corazón del cronista: “¡Papá, me salió la de Messi!” , dice una vocecita más feliz que la felicidad. El reloj marca las 15.12 del miércoles, falta nada para que empiece Argentina-Inglaterra y la noticia (¡notición!) huele a premonición. Algo bueno tiene que pasar. Algo bueno va

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Messi

Un mensaje de WhatsApp se incrusta en el corazón del cronista: “¡Papá, me salió la de Messi!” , dice una vocecita más feliz que la felicidad.

El reloj marca las 15.12 del miércoles, falta nada para que empiece Argentina-Inglaterra y la noticia (¡notición!) huele a premonición. Algo bueno tiene que pasar.

Algo bueno va a pasar. Algo bueno pasó.

La instantánea se pega a otro fogonazo.

Ya pasaron dos días de la gesta de Atlanta y faltan dos para el último acto cuando otro mensaje de WhatsApp en un grupo de amigos trae la fuerza de la gratitud, un sentimiento que tiene menos ponderación que la que merece.

Valen la pena esas líneas: “Muchachos: el domingo seguramente sea el último partido en la selección del tipo que nos hizo más felices con el deporte que más amamos.

Son más de 20 años de historia de Messi en la selección, más de 200 partidos, 6 mundiales, copas América, eliminatorias, amistosos… La gran mayoría los vimos juntos, muchos incluso cuando ni siquiera teníamos hijos.

Messi nos atravesó la vida. Le debemos todo.

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Referencias