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InternacionalLA NACIONFernando García

El hecho maldito en esta reedición del viejo clásico

El hecho maldito en esta reedición del viejo clásico

En resumen

“Yo quiero a mi bandera, planchadita, planchadita, planchadita”. Un chiste en tiempo de reggae para completar el segundo álbum de Sumo, Llegando los monos , editado por la CBS en 1986, daba el tono de una escena que se desentendía de lo “nacional” adosado al rock en la posdictadura, cuando toda la simbología fundaciona

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“Yo quiero a mi bandera, planchadita, planchadita, planchadita”.

Un chiste en tiempo de reggae para completar el segundo álbum de Sumo, Llegando los monos , editado por la CBS en 1986, daba el tono de una escena que se desentendía de lo “nacional” adosado al rock en la posdictadura, cuando toda la simbología fundacional de la Argentina permanecía arrebatada por el uso del disciplinamiento castrense y el aparato represor.

Pero también del carácter nómade de su cantante, nacido en Italia, educado en Escocia y consagrado como mito rocker en Argentina.

Un apátrida que pasaba de cantar en un inglés como el de los discos que se escuchaban a una versión pospunk del cocoliche de principios del siglo XX.

En esa escena solo el grupo Don Cornelio y La Zona se atrevió a poner una bandera en la contratapa de su segundo álbum, el furibundo Patria o Muerte .

Para 1988, el underground se extinguía, y la banda liderada por el visionario Palo Pandolfo ejecutaba lo que la crítica llama un suicidio comercial.

La bandera pintada a mano por el artista Nessy Cohen reponía el sol que la dictadura había quitado (solo en ocasiones de guerra debía usarse) pero su luz es más rabiosa que radiante. Un sol under

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Referencias