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Inteligencia artificialLA NACIONOscar Oszlak

El Estado no puede delegar su “conciencia” en la inteligencia artificial

El Estado no puede delegar su “conciencia” en la inteligencia artificial

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La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una cuestión de Estado. Mientras gobiernos de todo el mundo incorporan sistemas capaces de procesar información, coordinar organismos y anticipar escenarios con una velocidad inédita, surge una pregunta que trasciende la innovación:

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Inteligencia artificial

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una cuestión de Estado.

Mientras gobiernos de todo el mundo incorporan sistemas capaces de procesar información, coordinar organismos y anticipar escenarios con una velocidad inédita, surge una pregunta que trasciende la innovación: ¿puede un algoritmo participar en la formulación de las políticas públicas o su papel debe limitarse a mejorar su implementación?

La respuesta exige recuperar un viejo debate de la teoría política y administrativa .

Durante la segunda mitad del siglo XX, Charles Lindblom, Aaron Wildavsky y Yehezkel Dror discutieron hasta qué punto los gobiernos podían planificar racionalmente sus decisiones o debían aceptar que las políticas surgen, en gran medida, de la negociación, el conflicto y el aprendizaje que acompañan su ejecución.

Aquella controversia se desarrolló en un mundo donde coordinar significaba, sobre todo, coordinar personas. Hoy, la irrupción de la IA modifica las condiciones tecnológicas de ese debate, pero no elimina su núcleo político.

Los sistemas inteligentes pueden consultar registros interoperables, verificar requisitos, distribuir tareas y procesar enorm

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Referencias