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GeneralLA NACIONRoberto Ulloa

El domador

El domador

En resumen

Nunca supe su nombre . Otalepo; así se presentaba, susurrando el apellido con una inclinación de cabeza que apenas se adivinaba. Era más bien como si parpadeara. Boina negra; bombachas sostenidas por el tirador; pañuelo al cuello y chaleco oscuro; una rastra de monedas, como único adorno. Calzaba dos cuchillos en la ci

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Nunca supe su nombre . Otalepo; así se presentaba, susurrando el apellido con una inclinación de cabeza que apenas se adivinaba.

Era más bien como si parpadeara. Boina negra; bombachas sostenidas por el tirador; pañuelo al cuello y chaleco oscuro; una rastra de monedas, como único adorno.

Calzaba dos cuchillos en la cintura : un facón desmesurado, de cabo de madera y un verijero, que cortaba el cuero como si fuera papel. Apenas alto, de pelo y ojos oscuros.

Era el domador del campo. Poco sé sobre su destino personal .

Andrés Holzmann, mi amigo y contador de Espartillar, cree recordar que era oriundo de Pasman y aún guarda un recibo de sueldo que lleva su apellido, fechado en 1966.

Un antiguo puestero me contó que Otalepo supo tener una tropilla de un solo pelo y que fue el jinete más conocido de la región. Más jinete que domador, afirmó; me pareció menos un halago que un reproche, pero yo sé que nunca sacudió de un golpe a un caballo.

No era pendenciero ni dado a la ginebra; sí, un solitario cuyo vicio secreto era escuchar los partidos de Boca cada domingo, con una radio portátil Spica. No estaba casado, aunque declaraba un hijo en el pueblo , que frecuentaba de tanto en tanto.

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