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El día que odié a la Argentina

El día que odié a la Argentina

En resumen

MADRID.- Hay una superstición más estúpida que creer en la filantropía de un político o en las dietas milagro: pensar que Internet tiene memoria. Y no la tiene. Lo que tiene es rencor. La memoria exige antecedentes y cierto esfuerzo intelectual; el rencor sólo necesita una frase fuera de contexto y la mala fe, la ignor

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MADRID.- Hay una superstición más estúpida que creer en la filantropía de un político o en las dietas milagro: pensar que Internet tiene memoria. Y no la tiene.

Lo que tiene es rencor. La memoria exige antecedentes y cierto esfuerzo intelectual; el rencor sólo necesita una frase fuera de contexto y la mala fe, la ignorancia o la imbecilidad de quien interpreta.

Así funciona el vertedero digital donde cuarenta años de artículos, entrevistas, libros y declaraciones desaparecen de golpe, borrados por un comentario de ciento cuarenta caracteres.

Eso ocurrió con quien firma este artículo, a causa de la final del Mundial de fútbol entre España y Argentina: un mensaje en Twitter un día antes y un mensaje un día después. El comentario previo al partido fue el siguiente: “Deseo que gane España.

Pero si hubiera que perder, prefiero que sea con los primos hermanos argentinos que ante Inglaterra. En familia las cosas son diferentes”.

El comentario posterior, suscitado por el coro internacional de críticas que se alzó contra la selección argentina tras el partido, fue: “No seamos injustos, no nos equivoquemos.

Con su zafio comportamiento, sucias maneras y mal perder, la selección que jugó contr

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Referencias