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GeneralLA NACIONGastón Fournier

El arte transforma la manera de viajar con recorridos a los que pocos acceden

El arte transforma la manera de viajar con recorridos a los que pocos acceden

En resumen

La primera vez que entendió que existía un turismo cultural invisible fue a la hora del té en Recoleta. Cruzó la puerta de una casa particular y, unos minutos después, estaba frente a un grabado de Rembrandt . No había comprado entrada. No estaba en un museo. Y, sin embargo, acababa de acceder a una de las experiencias

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La primera vez que entendió que existía un turismo cultural invisible fue a la hora del té en Recoleta. Cruzó la puerta de una casa particular y, unos minutos después, estaba frente a un grabado de Rembrandt .

No había comprado entrada. No estaba en un museo.

Y, sin embargo, acababa de acceder a una de las experiencias culturales más extraordinarias de su vida. Cada vez más viajeros recorren Argentina buscando experiencias como esta .

La puerta no tiene cartel. Tampoco horarios de visita ni una fila de turistas esperando para entrar.

Desde la calle parece una casa más. Una de tantas de Buenos Aires .

Sin embargo, detrás de esa fachada discreta encuentra refugio una de las colecciones privadas de arte contemporáneo más importantes del país. En el living conviven obras que han pasado por museos internacionales, ferias de arte y colecciones institucionales.

En la biblioteca descansan catálogos imposibles de conseguir. Sobre una mesa se sirve una copa de vino mientras el propietario cuenta cómo comenzó a comprar arte hace más de veinte años.

Nada de esto aparece en las guías. Y quizás allí radique el verdadero cambio que está atravesando el turismo cultural contemporáneo .

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Referencias