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MessiLA NACIONCarlos M. Reymundo Roberts

Dios, argentino y futbolero

Dios, argentino y futbolero

En resumen

Es doctrina firme de la fe popular: Dios es argentino. Y futbolero. Este Mundial volvió a bendecirnos, ahora con el subcampeonato. Imposible oponerse a creencias tan arraigadas; que se sustentan, además, en hechos suficientemente documentados. La “mano de Dios” (México 1986), el Dibu con sus brazos en cruz frente a Kol

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Es doctrina firme de la fe popular: Dios es argentino. Y futbolero.

Este Mundial volvió a bendecirnos, ahora con el subcampeonato. Imposible oponerse a creencias tan arraigadas; que se sustentan, además, en hechos suficientemente documentados.

La “mano de Dios” (México 1986), el Dibu con sus brazos en cruz frente a Kolo Muani (Qatar 2022), el piadoso ritual de Leo –persignarse, elevar ojos y manos al cielo– después de cada gol.

Que aquí haya nacido Diego y, enseguida, Messi (y, antes de ambos, Di Stéfano, que “era mejor que Pelé”, según el autorizado juicio de mi padre) ya es, al menos, señal de predilección divina. Diego fue D10S y Leo heredó título y linaje.

La selección tiene extraordinarios jugadores, un gran cuerpo técnico y le sobra corazón, qué duda cabe.

Pero para explicar cómo llegó a la final de ayer la crónica ha recurrido a conceptos que remiten, otra vez, al soplo sobrenatural que parece asistirnos: resurrección, milagro. “¿Dios puede haberse hecho argentino , aunque sea por un rato?” , le preguntaron a un párroco porteño después de Qatar.

La inquietud llevaba algo de broma y algo de teología callejera: qué impide pensar que un día el Supremo decide ponerse la celeste

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Referencias