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CulturaLA NACIONLuis Cortina

Diálogos erráticos con un tonto robot imaginario (o no)

Diálogos erráticos con un tonto robot imaginario (o no)

En resumen

Sucedió hace algunas noches. Una típica cena de viernes con una pareja amiga, también colegas que oficiaron, una vez más, de deliciosos anfitriones. Entre conversaciones superficiales y, dada la confianza mutua, también profundas, pasamos de los hijos y nieta a los avatares de la profesión, nuestro común interés por la

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Tema
Cultura

Sucedió hace algunas noches. Una típica cena de viernes con una pareja amiga, también colegas que oficiaron, una vez más, de deliciosos anfitriones.

Entre conversaciones superficiales y, dada la confianza mutua, también profundas, pasamos de los hijos y nieta a los avatares de la profesión, nuestro común interés por la cultura (la escritura y la música, en particular).

En estos tiempos no podía estar ausente el uso (y abuso) de esa maravillosa (y diabólica de a ratos) herramienta que es la inteligencia artificial. Si sirve, hasta qué punto; si nos va a reemplazar, hasta qué instancia o en cuáles actividades sí y cuáles no.

¿Se equivoca? ¿Cómo darse cuenta?

¿Es deseable entregarnos a sus resultados sin tener en cuenta nuestras propias habilidades?

Después de la entrada y un exquisito plato de fideos con salsa casera, que elaboró nuestro anfitrión con su habitual habilidad, a la hora del postre, mi amigo contó sus “diálogos” con la IA y cómo le facilitaba distintas búsquedas y actividades (en particular, sobre sus estudios musicales). “Le pido que me analice determinadas obras de un compositor y me las ordena, incluso con sugerencias para escuchar ejemplos”, cuenta. “Es muy amable”,

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Referencias