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En resumen

La palabra que la Ley olvidó Existe una paradoja inquietante en nuestra Ley de Salud Mental: mientras pretende proteger al paciente, prácticamente omite aquello que constituye uno de los núcleos esenciales de la medicina: la relación médico-paciente. La escucha, la empatía, la confianza, la credibilidad, el acompañamie

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Sociedad

La palabra que la Ley olvidó Existe una paradoja inquietante en nuestra Ley de Salud Mental: mientras pretende proteger al paciente, prácticamente omite aquello que constituye uno de los núcleos esenciales de la medicina: la relación médico-paciente.

La escucha, la empatía, la confianza, la credibilidad, el acompañamiento y el valor terapéutico de la palabra médica parecen haber quedado fuera de su concepción.

El sesgo antipsiquiátrico que atraviesa su espíritu termina desconociendo la clínica, desvalorizando el saber profesional y, en ocasiones, confundiendo la protección de derechos con la negación de la enfermedad y de la autoridad terapéutica.

¿Puede realmente legislarse sobre salud mental sin comprender cómo se establece un vínculo terapéutico? ¿Puede desconocerse que una palabra adecuada puede contener, orientar, aliviar y, en determinadas circunstancias, contribuir al proceso de curación?

No se trata de reivindicar una medicina autoritaria. Se trata de recuperar una medicina humana, científica y responsable.

El problema de fondo es que quienes concibieron una norma destinada a regular la salud mental parecen haber prescindido de elementos elementales de la práctica clínica.

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Referencias