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PolíticaLA NACIONJorge Liotti

Cuentapropismo emocional en lo profundo del conurbano

Cuentapropismo emocional en lo profundo del conurbano

En resumen

“[A la política] me la paso por los huevos. No me importa. Te digo la verdad, ni me importa el presidente que tenemos hoy en día. Yo mientras tenga mi casa, tenga mi familia, y tenga fuerza para salir todos los días con un carro y poder traer plata a mi casa, yo estoy bien. No dependo del presidente, de la política, de

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Política

“[A la política] me la paso por los huevos. No me importa.

Te digo la verdad, ni me importa el presidente que tenemos hoy en día. Yo mientras tenga mi casa, tenga mi familia, y tenga fuerza para salir todos los días con un carro y poder traer plata a mi casa, yo estoy bien.

No dependo del presidente, de la política, de nadie, dependo de mí mismo . Ellos no hacen ninguna función en mí, ni nada”.

La frase de Matías , de 19 años, del barrio Mitre, en San Miguel, retrata esa sensación expandida que se vive en el conurbano de que la política no les sirve para cambiar sus vidas, pero sobre todas las cosas, de que no hay nadie que los vaya a ayudar, salvo ellos mismos con su propio esfuerzo.

El Estado benefactor no existe más. Malas noticias para la narrativa tradicional del peronismo.

Pero al mismo tiempo tampoco Javier Milei emerge como el tributario del individualismo que profesan. Los jóvenes pobres se reflejan sólo en ellos mismos; Milei es una circunstancia.

No se percibe siquiera un ánimo revolucionario; el 2001 también les queda lejos. Transmiten más bien desencanto y descreimiento; un sálvese quien pueda resignado, en el que se diluye cualquier noción de solución comunitaria.

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