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GeneralLA NACIONSergio Sinay

Cuando mucho se oye y poco se escucha

Cuando mucho se oye y poco se escucha

En resumen

No es lo mismo oír que escuchar . De no mediar algún problema orgánico las personas oímos, y como las orejas, a diferencia de los ojos, no tienen párpados, todos los sonidos circundantes penetran en ellas. Escuchar es otra cosa. Es decodificar, entender, verificar y procesar lo que se oye. Vivimos en un mundo cada vez

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No es lo mismo oír que escuchar . De no mediar algún problema orgánico las personas oímos, y como las orejas, a diferencia de los ojos, no tienen párpados, todos los sonidos circundantes penetran en ellas.

Escuchar es otra cosa. Es decodificar, entender, verificar y procesar lo que se oye.

Vivimos en un mundo cada vez más ruidoso.

Como si no fuera suficiente el bochinche que nos rodea y nos invade, cada día más personas eligen castigar sus tímpanos con auriculares que llevan incrustados a toda hora y en todo lugar, como si fueran parte inseparable de sus cuerpos.

Y así ya no solo es imposible escuchar los sonidos del mundo, las voces de los otros, sino también la propia voz interior.

Como si no fuera suficiente el bochinche que nos rodea y nos invade, cada día más personas eligen castigar sus tímpanos con auriculares que llevan incrustados a toda hora y en todo lugar, como si fueran parte inseparable de sus cuerpos “En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente”, dice el filósofo surcoreano Byung-Chul Han. “Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará alguien que nos escuche.

Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar. Escuchar es dar, e

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Referencias