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GeneralEL PAÍS: el periódico globalLuz Sánchez-Mellado Bonilla

Ciudadano C. Tangana

Ciudadano C. Tangana

En resumen

Lo digo antes de que me lo digan: tengo debilidad por C. Tangana. Quizá porque he visto sus calzoncillos sucios tirados en el suelo junto al colchón donde dormía cuando no llenaba estadios y porfiaba, ansioso, por comerse el mundo crudo con su música. Fue en vísperas de las elecciones de 2016, en una de esas entrevista

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Lo digo antes de que me lo digan: tengo debilidad por C. Tangana.

Quizá porque he visto sus calzoncillos sucios tirados en el suelo junto al colchón donde dormía cuando no llenaba estadios y porfiaba, ansioso, por comerse el mundo crudo con su música.

Fue en vísperas de las elecciones de 2016, en una de esas entrevistas en los que los periodistas pretendemos que los famosos nos digan por nuestra cara bonita qué papeleta van a echar a la urna. No me lo dijo, claro.

Pero, en vez de eso, me hizo saber a bombo y platillo que quería trascender, perdurar, dejar su legado artístico por los siglos de los siglos.

Lo bueno, y lo malo, de llevar tantos años escrutando los ojos de gente que quiere venderte algo es que una aprende a detectar la impostura en la mínima contracción o dilatación de las pupilas.

Y en las suyas, aquel día, había su poquito de condescendencia y su mucho de chulería, sí, pero ni rastro de ironía y una determinación a prueba de caricaturas. Hoy, 10 años y cuatro legislaturas más tarde, C.

Tangana no solo se lo ha comido, bebido, metido y follado todo , utilizando sus propios términos, sino que ha logrado convertir sus canciones en himnos de verbena, quizá el único signo

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Referencias