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CulturaLA NACIONMaría Elena Polack

Catalejo: melodías preferidas

Catalejo: melodías preferidas

En resumen

Después de unos minutos de silencio, irrumpe clara la voz de Freddie Mercury. Respiro hondo, sonrío discretamente, pido otro café y cierro los ojos para no tentarme con una medialuna innecesaria. ¿Cómo irme de un bar casi desierto en medio de Rapsodia Bohemia si jamás me levanté de mi asiento durante un concierto? Serí

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Cultura

Después de unos minutos de silencio, irrumpe clara la voz de Freddie Mercury. Respiro hondo, sonrío discretamente, pido otro café y cierro los ojos para no tentarme con una medialuna innecesaria.

¿Cómo irme de un bar casi desierto en medio de Rapsodia Bohemia si jamás me levanté de mi asiento durante un concierto? Sería una total falta de respeto para el cantante y una de las bandas más caras a mis sentimientos de toda mi vida musical.

Disfrutar de la melodía de Queen es un homenaje justo y necesario. Es ganar minutos de alma llena en un día, otro más, de llovizna impiadosa y viento otoñal, aunque la primavera lleve ya más de un mes.

Ajeno a mis preferencias musicales, el mozo se pone contento porque intuye que mejorará su propina en la medida en que el consumo de esta parroquiana aumente.

No sabe aún que habrá más propinas porque me aseguraré de regresar: pasan buena música, al menos a media mañana.

En cambio, ya tengo una larga hoja de ruta para esquivar otros mojones con armonías dudosas por esas nuevas tendencias de usar un acorde y una rima fácil para entretener un rato, no preocuparse por la entonación ni por si se comprende qué se canta.

Bueno, se ejecuta. Sí, en su peor ace

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