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GeneralEL PAÍS: el periódico globalElvira Lindo Garrido

Carlos Senghor Diatta no quiere ser futbolista

Carlos Senghor Diatta no quiere ser futbolista

En resumen

Creemos que somos los dueños de lo que pensamos y no es así. Está bien documentado que si nos enseñan fotos de grupos de refugiados o de una inmigración desesperada entrando en lo que consideramos nuestro territorio reaccionamos de manera muy diferente a si nos muestran el rostro de un solo ser humano. Una mirada de tr

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Creemos que somos los dueños de lo que pensamos y no es así.

Está bien documentado que si nos enseñan fotos de grupos de refugiados o de una inmigración desesperada entrando en lo que consideramos nuestro territorio reaccionamos de manera muy diferente a si nos muestran el rostro de un solo ser humano.

Una mirada de tristeza, un rostro demacrado por el miedo o el hambre nos devuelven la humanidad que había mermado ante la imagen de una multitud que en conjunto puede resultarnos amenazante. Qué necesario es que acerquemos el foco.

Migrantes. Una palabra que vuelve abstracta la naturaleza humana.

Es agosto, este agosto ardiente de un Madrid muy vaciado , aunque en esta ciudad 180.000 niños, hijos de la inmigración, tratan de sobrellevar un verano sin vacaciones. Es lo que toca cuando el pueblo de tus padres pilla tan lejos.

Tengo ante mí a Carlos Opa Senghor Diatta, chaval de diez años que viene de vez en cuando a clases de arte auspiciadas por la Asociación Karibu , que acompaña a madres africanas en sus traumáticos inicios. Carlos se está autorretratando.

Ante el espejo el niño se mira y lo primero que dibuja es el rotundo color de su rostro: marrón la piel, negro el pelo. Este peq

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Referencias