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CulturaEL PAÍS: el periódico globalElvira Lindo Garrido

Ay, nuestro Woody...

Ay, nuestro Woody...

En resumen

Al viejo clarinetista le regalaron las autoridades madrileñas una guitarra y él la tomó en sus manos, medio aburrido, con esa actitud resignada que muestra ante personas que en otros tiempos hubiéramos considerado absolutamente ajenas al mundo del cineasta. Porque Woody era nuestro, y nosotros, hablo de los de entonces

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Tema
Cultura

Al viejo clarinetista le regalaron las autoridades madrileñas una guitarra y él la tomó en sus manos, medio aburrido, con esa actitud resignada que muestra ante personas que en otros tiempos hubiéramos considerado absolutamente ajenas al mundo del cineasta.

Porque Woody era nuestro, y nosotros, hablo de los de entonces, teníamos a Allen por un tipo de izquierdas, por un progre al estilo europeo, tal y como entendíamos que era eso.

Nosotros, aún no contemplábamos que hubiera un nosotras, estábamos convencidos de que sus películas reflejaban la sociedad neoyorquina, la de una clase media intelectual, estilosa y con tiempo y dinero para salir a Elaine’s por las noches.

Nosotros, menos aún nosotras, jamás percibíamos que el personaje masculino solía tomar la palabra y no la soltaba, y que solo gracias a que la actriz solía ser una mujer de la talla y la gracia de Diane Keaton lograba hacerse visible e icónica.

Nosotros, incluidas nosotras, veíamos también como natural que una chiquilla, casi púber, como Mariel Hemingway se enamorara perdidamente del maduro neurótico , y comprendíamos que llorara por tener que volar sola.

Nosotros, los de entonces, creíamos ver un mensaje social donde s

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Referencias