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GeneralEL PAÍS: el periódico globalPablo Ordaz

¿Apoyar a las víctimas? Sí, pero si no molesta a Vox

¿Apoyar a las víctimas? Sí, pero si no molesta a Vox

En resumen

Déjenme que les cuente brevemente dos historias de vida y muerte, en principio muy diferentes entre sí, o tal vez no tanto. Juzguen ustedes. La primera es la de Ramón Baglietto, vecino de Azkoitia (Gipuzkoa), dueño de una tienda de muebles y simpatizante de la UCD. El 13 de mayo de 1980, a las nueve de la noche, llamó

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Déjenme que les cuente brevemente dos historias de vida y muerte, en principio muy diferentes entre sí, o tal vez no tanto. Juzguen ustedes.

La primera es la de Ramón Baglietto, vecino de Azkoitia (Gipuzkoa), dueño de una tienda de muebles y simpatizante de la UCD. El 13 de mayo de 1980, a las nueve de la noche, llamó a su esposa, Pilar Elías, y le dijo: “Voy para casa”.

No llegó. En el camino, un terrorista de ETA llamado Kandido Azpiazu lo acribilló a balazos.

No era la primera vez que el asesino se cruzaba con su víctima.

Lo contó Pedro Mari Baglietto, uno de los hermanos del asesinado: “En 1962, Ramón estaba en la puerta del negocio familiar cuando observó a una señora que llevaba a un niño en brazos y a otro de la mano, que salió corriendo justo en el momento en que se acercaba un camión.

La señora se lanzó tras el muchacho con la intención instintiva de protegerlo, y a Ramón apenas le dio tiempo de quitarle al niño que tenía en brazos y ver con horror cómo la madre y el otro hijo morían aplastados.

Pues bien, el niño que quedó en sus brazos aquel día sería, 18 años después, uno de los miembros del comando que acabó con su vida. El presunto autor del tiro de gracia”.

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