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Amigos imaginarios

Amigos imaginarios

En resumen

Era marzo de 2008. Estaba celebrando mi cumpleaños con mi círculo íntimo de amigas. Una de ellas preguntó si nos habíamos anotado en Facebook, “un lugar donde están todos”, dijo. Había que buscar nombre y apellido de algún amigo, pariente o conocido y pedirle amistad. Luego, ese grupo de contactos sería el nuevo públic

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Era marzo de 2008. Estaba celebrando mi cumpleaños con mi círculo íntimo de amigas.

Una de ellas preguntó si nos habíamos anotado en Facebook, “un lugar donde están todos”, dijo. Había que buscar nombre y apellido de algún amigo, pariente o conocido y pedirle amistad.

Luego, ese grupo de contactos sería el nuevo público al que irían dirigidas cada una de las imágenes que publicaríamos.

Aparecían amigos atemporales, personas con información fresca sobre nosotros, pero con quienes ya no compartíamos tiempo, salidas ni charlas, aunque se mantenían como espectadores de nuestro paso por este mundo.

Se abría la posibilidad de ser visto sin salir de casa y, a la vez, de mirar, como en un catálogo, imágenes de las personas que uno conocía, no conocía o deseaba conocer.

Y así fue como las Big Tech dieron origen a un nuevo estilo de relación: una especie de copia de la amistad, pero sin compromiso, que puede finalizar en cualquier momento, sin aviso, y que no necesita de presencia física.

En Twitter e Instagram, pasamos a llamarlos “seguidores”. Parte de esos seguidores pueden ser desconocidos que simulan el rol de un amigo, alentando, elogiando, consolando o felicitando.

Pero eso no fue tod

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Referencias